dimarts, juliol 07, 2009
Rompepistas gana el premio UFI
Rompepistas de Kiko Amat recibió el premio a "Mejor obra literaria".
El autor recogió el premio personalmente y, tras dar gracias a la UFI, a la editorial Anagrama y a su editor Jorge Herralde, lo dedicó a su mujer Eugènia, su hijo Boi, su "amigo, agente y guardaespaldas Paco" (presente en el teatro), a los skinheads de su adolescencia (que inspiraron parte de la novela), y a los grupos que le inspiraron a los 17: The Jam, The Clash, Generation X y Brighton 64.
El premio recogido es un cuco theremin casero que hace bzzzzt cuando se le manosea.
dilluns, juliol 06, 2009
Santo patrón del ritmo bailable
Roger Eagle Un homenaje al apasionado discjockey, manager y promotor británico cuando se cumplen diez años de su muerteSon santos modernos. Son héroes y pioneros, aunque nadie les recuerde. Son todas aquellas personas que, sin esperar nada a cambio, nos enseñaron la verdad musical. Nos abrieron la puerta a un mundo de discos gloriosos que cambiarían nuestra vida para siempre. Nos dieron una educación alternativa. Santos modernos; cada uno tiene los suyos, y de nada serviría que les mentara mi santoral particular: Víctor López, Agustí Estrada, Pol Malone, David Christian. Para ustedes son sólo nombres. Pero son estos héroes anónimos, la gente que pasó su vida grabando cintas, pinchando en bares, recibiendo a teenagers en sus casas con el único fin de enseñar y compartir, los que han inspirado a generación tras generación. Nada se explica sin estos curators del pop excepcional. En Inglaterra, pocas cosas se explican sin Roger Eagle.
Epifania 1
Roger Eagle es una especie de Forrest Gump de los discos bonitos, y no me refiero por lelo. Lo que pasa es que el hombre estuvo en varios vórtices de erupción pop maravillosa, creando la acción. Aquel tipo alto como un pino, “con más pinta de teddy boy que de mod”, entró por azar a pinchar en el Twisted Wheel de Manchester en 1964. Como les veo de pie y no de rodillas habré de asumir que no han oido ustedes hablar del Twisted Wheel. Veamos: el TW era el club más mítico de Inglaterra. Todo, o sea, todo lo que implica cultura de club y apreciación de la música negra viene por él. Aquel antro en donde se pinchaba beat cambió radicalmente en el instante en que dejaron entrar a Eagle a la cabina con su maleta llena de música negra: R&B, soul, jazz, blues. Ray Charles, Coasters, Sugar Pie DeSanto, Bo Diddley, Stax y Motown. De cara a éstos, su pasión era evangélica; su dedicación, total.
Y allí empieza todo: una generación entera de fanáticos recibiendo su bautizo de fuego en la pista. Durante cuatro años, Eagle fue el embajador del R&B en Inglaterra. Y no solo pinchaba: también editaba la primera revista dedicada exclusivamente a aquel sonido: The R&B Scene. Por supuesto, aquellos discos mágicos fertilizarían a una generación de mods maníacos, de los que saldrían mil bandas igualmente maníacas de R&B inglés, de donde saldrían a su vez los músicos blancos más importantes del mundo. Todos ellos admiten (de Eric Burdon a Clapton, incluso -ugh- Elton John) que la reputación del club era única, el examen definitivo: si te aceptaba la audiencia del TW (evangelizada por Eagle) ya eras un músico de R&B. Sin Eagle no se explican los Rolling Stones, ni el Northern Soul (ni todos los cultos dance posteriores, house incluido), ni siquiera Led Zeppelin. La bola de nieve empezó a rodar por la pasión de aquel tipo anónimo enamorado de sus discos.
Epifanias 2 y 3
¿Y qué pasa si les importa un rábano la música negra? Pues que tendré que lanzarles dos puñetazos extra de dañina razón. Como todo héroe moderno, Eagle nunca dejó de moverse. En 1968, y tras empezar a desilusionarse con la creciente estrechez de miras de los soul fans, Eagle abrió The Magic Village (en Manchester) para traer a tocar a a los mejores grupos underground: Jethro Tull, Pink Floyd, Ten Years After, Joe Cocker, etc. Él levantó, armado únicamente de energía inagotable y dedicación ilimitada, el rollo psicodélico-freakie norteño.
Como Eagle no tenía suficiente con haber sido catalizador de dos de las escenas más importantes del mundo, nuestro hombre fue también padrino del punk y el indie. En 1976, Eagle fundó Eric’s, en Liverpool. Como sigo sin verles de rodillas, voy a tener que contarles que una nueva generación fue iluminada allí, y que sin Eric’s y su política musical no existirían Julian Cope o Teardrop Explodes, Deaf School, OMD, Echo & The Bunnymen, Wah! y tantos otros. Todos ellos pasaron media vida en el club (viendo tocar a Ramones, Buzzcocks, Clash) y la otra media en la salita de estar de Eagle, sentados con la boca abierta mientras un señor malhumorado y con ojos de orate les ponía disco tras disco de dub surreal, jazz furioso y rockabilly loco.
Todos utilizan ahora las mismas palabras a la hora de hablar de él: “una inspiración” y “una educación alternativa”. Sin Eagle no existirían Ocean Rain ni Fried. Eagle era el hombre que, según Jeff Barrett (Heavenly Records) “provocaba que pasaran cosas”. El Origen de las Especies.
¡Sombreros fuera!
Roger Eagle murió el 4 de mayo de 1999. Barrett y Heavenly inauguraron en abril del 2009 un tributo descargable en su web (Caught by the river) por el que pasaron mil lumbreras del pop: Bill Drummond, Ian Broudie, Kevin Pearce, Dave Balfe (ex-Bunnymen y dueño de Food Records) y más. Si quieren leer el catecismo de Eagle, si quieren aprender que Otis murió por nuestros pecados, que “el jazz negro americano es el sonido de la supervivencia humana”, que la música grandiosa debe estar basada en “brutalidad, religión y un ritmo bailable” vayan allí. Y descúbranse, hagan el favor.
Kiko Amat
http://caughtbytheriver.net/2009/04/remember-roger-eagle/
(Artículo publicado originalmente en el suplemento Cultura/S de La Vanguardia del 03 de julio del 2009; las ilustraciones originales del tributo son de Kavel Rafferty)
Pepitas de insurrección: 5 recomendaciones de verano
Pepitas de Calabaza La editorial de Logroño les ofrece este verano un curso acelerado de anarquismo y vanguardias sin sopor ni dogma.
Si han sido ustedes alguna vez fans de algo (y quiero decir fans a muerte) recordarán la pasión y el proselitismo que ello conlleva. Esta identificación completa con algo -tan habitual en la subcultura o las vanguardias- es más bien rara en el mundo literario ibérico, pues no existen editoriales que seguir ciegamente. En los 80’s, si recuerdan, era Anagrama: Brautigan, Burroughs y compañía, una epifanía por libro. Hoy, el monetarismo y la ceguera han acabado con esto, y toda España parece conquistada por la estulticia editorial. ¿Toda? ¡No! Una pequeña aldea de furia y razón sobrevive al norte del país, ofreciendo un catálogo coherente, radical, heterogéneo y colorido.
Pepitas de Calabaza tiene muchos atractivos para el fan ilustrado. Su nombre está sacado del Amanece que no es poco de José Luis Cuerda. Son muy rojos, pero no atienden a dogmas. Son filo-anarquistas, pero aborrecen la chapuza y la ortografía pobre. Sus libros son cucos y de bolsillo, y sin embargo ellos son poco “diseñadores”. Dicho de otra manera: aman el diseño gráfico sin ser gafapastas que han puesto el cartel de En Venta en sus culos. ¿Qué más? Adoran las vanguardias, pero no les deben obediencia. Y encima tienen sentido del humor: uno de sus carteles agit-prop es una imagen de Marx exclamando “¡Me cago en todo lo que estudiao!!!”. Desaprender para aprender: esa es su idea.
Si ustedes también desean reeducarse este verano, y les atrae la idea de borrar la montaña de crueldad neoliberal aprendida en EGB, o les gustaría darle un sentido a su existencia que no esté vallado por el escalafón laboral o la democracia representativa; y, encima, pasarlo bien... No busquen más. Metan Pepitas en el bolsillo de las bermudas pero ya.
A continuación les ofrezco mi Top 5 personal:
1) Émile Armand El anarquismo individualista. Si ustedes también se quedaron dormidos leyendo La conquista del pan de Kropotkin, y disfrutaron más en la última visita al proctólogo que leyendo ¿Qué es la propiedad? de Proudhon, no se apuren. No es que sean malos anarquistas; es que están leyendo sólo los tochos. Vean sino a Émile Armand (1872-1962) y su anarquismo individualista: divertido, sensato, repleto de llamadas al gozo, el fornicio y la desobediencia, bien explicado y muy moderno. Como Max Stirner pero sin el molesto tic de negar a Dios cada dos frases. Armand dixit: “La vida es bella para el que supera las fronteras de lo convencional”. Oh, sí.
2) William Morris Cómo vivimos y cómo podríamos vivir. No sé que puedo decirles de Morris sin echarme a sollozar como una institutriz. Tomen el título de forma literal; realmente es un manual de socialismo utópico (que no socialdemócrata) para liberar al hombre y hacerlo mejor. “Además del deseo de producir cosas hermosas, la pasión rectora de mi vida ha sido y sigue siendo el odio a la civilización moderna”, dijo, el tío. Una frase para tatuarse o, mejor, para poner en una pancarta y tomar Barcelona.
3) Jean-Marc Mandosio En el caldero de lo negativo. Regálenselo a todos esos memos que repiten el ideario situacionista sin pasarlo por el tamiz separador de plausible/risible. Mandosio es un señor al que le encantaría creerse todo lo que aullaban beodamente los situs, pero que no puede superar su milenarismo de preescolar (cuando llegue “el incendio”, la sociedad se curará; así, ¡chiki-chak!). Un perfecto companion para Debord/Vaneigem; no les lean sin esto a mano o acabarán haciendo alguna tontería.
4) Miguel Amorós Golpes y contragolpes. Amorós es el anarquista contemporáneo a seguir. El único que efectúa un análisis no-claudicativo de la situación actual sin proclamas ridículas, ni absurdos anhelos sci-fi de que llegue “la revolución” (como si fuesen los marcianos), y además sin la menor esperanza en el sistema productivo industrial. Cuando leí cosas como “la técnica no es neutra; nunca lo es. No es políticamente inocente” o su ataque a “los apologistas posmodernos del orden establecido”, mis vítores se escuchaban en Port de la Selva.
5) Pablo Martínez Zarracina Resaca crónica. Un buen ejemplo del cachondeo vital de Pepitas. Recopila las crónicas de la Semana Grande de Bilbao que el autor publicaba diariamente en El Correo tras haber salido por ahí hasta las mil (es decir, que el muy bilbaino las escribía con todo el resacón). Tronchante.
http://www.pepitas.net/
Kiko Amat
(Artículo publicado originalmente en el suplemento Cultura/S de La Vanguardia del 1 de julio del 2009)
divendres, juliol 03, 2009
Valero: "Bar Bodega Salvat"
Valero
Bar Bodega Salvat
“¿De donde demonios habrán salido estos tipos?”. No lo digo yo, yo ya lo sé, pero seguro que a muchos de vosotros os acudirá la pregunta como un rayo cuando tengais la oportunidad de escuchar el primer disco (ojo, autoeditado) de esa banda llamada Valero. También sé seguro quienes lo direis: los que le tengais algún respeto al Pop en mayúsculas, ése que no pasa de moda y el cual, no importa lo que digan las letras o los instrumentos que suenen, tiene la capacidad, quizás no de “hacernos libres”, pero sí de emocionarnos y hacer que un domingo soleado sea incluso mejor tan sólo por el hecho de empezarlo con una melodía pegajosa que nos va a acompañar durante todo el día.
Porque parece mentira que nadie hable de Valero en público, ni hayan salido en los medios, ni tengan una legión de fans, con ESAS canciones. Valero tienen esa extraordinaria capacidad, la de crear melodías de la nada, que esta vez y para alegría de los fetichistas de la mercancía y demás pequeñoburgueses pililas de gnocchi, han metido en un flamante artefacto: un EP de 12”, de vinilo tan negro como Fred Hampton, que se llama Bar Bodega Salvat y que contiene 6 canciones como 6 soles.
Sin necesidad de ser parapsicólogos, ni de hacer sonar el disco al revés, los fans más redomados de Eugenius/Captain America, Big Star, Beatles, Velvet Crush, Teenage Fanclub, Posies o tantos otros, podrán apreciar rápidamente que en los surcos de Bar Bodega Salvat se han colado (intuyo que premeditadamente) psicofonías de todos ellos.
Seguro que todos encontrarán algo de su gusto, ya sea en “Happy song”, ese pequeño hit subterraneo, con su organillo de iglesia, sus beatlescos coros y ese final tan emocionante, en el dignísimo outtake de Frosting on the beater que podría ser “Final flight”, o en cualquiera de las tres canciones de la cara B, todas ellas con un evidente deje a lo TFC.
No tengo ni una queja de Bar Bodega Salvat, quizás la única pega que podría verle (que a veces aflore demasiado el sonido de los grupos que ellos veneran) queda reducida casi a cero por la esperanza de pensar las canciones que harán cuando, como pasa con las sobras de estofado el día después, empiecen a amalgamar los distintos sonidos y hacerlos totalmente suyos. ¡Bravo, Valero!
Uri Amat
divendres, juny 19, 2009
Edwyn: keeps on burning
EDWYN COLLINSI’m not following you
Setanta, 1997
L’any 1981, Orange Juice deien: podem ballar per oblidar la caiguda. Deien: No passa res per no ser macho. No passa res perquè no t’agradi el rock. Deien: Millor Al Green mil cops.
Millor Chic.
Deien: Estem malferits; de vergonya, de pena, de culpa, però admetre-ho ens fa heroics; som fràgils però estem plens de foc, que deia John Osborne a Look back in anger. I tots els records tacats d’estupidesa, tots els camins errats, tot el caos desfermat, totes les coses mal dites: tot es pot redimir, si seguim ballant, si seguim admetent la nostra fragilitat i confusió, si seguim dient la veritat, si refusem la ignorància i el clixé, si portem serrells de Roger McGuinn, si toquem mil violins. Aquest era el missatge dels Orange Juice; revolució mitjançant el soul i l’androgínia i el ball desmanegat i l’emoció nua i el cor trencat. I era un missatge valent, que no implicava fer el ploricó dins d’habitacions sentint pena d’un mateix, sinó fer volteretes sota la bola de discoteca i portar xapes dels Byrds i camises de Boy Scout i tenir una obsessió amb el country rock i vèncer la vergonya, la soledat i el rebuig amb passes d’orgullós soul i germandat nerd. Caient i rient, deia una de les seves cançons.
I tot això li ho devem a l’Edwyn Collins.
La història linial ja és a altres llocs i no ens toca a nosaltres establir-la aquí. Només direm que Edwyn Collins va néixer el 1959, que va veure la llum del punk via Subway Sect i Velvet Underground, que va formar The NuSonics a Glasgow, que va transformar-los en Orange Juice l’any 1979 i va ajudar a fundar la mítica independent Postcard Records, el so de la nova Escòcia, dels punks afeminats, Motown blanca amb martells de juguet, nois escardalencs i tímids amb grans col·leccions de discos i trajos de segona mà, mods dislocats i futuristes: Orange Juice, Aztec Camera, Josef K i Fire Engines (que no van gravar a Postcard, però com si ho haguessin fet). Quan Postcard es va fer miques, Orange Juice van continuar endavant: cada cop més negres, més funk, més ballarins. I van tenir un èxit: "Rip it up", l’any 1982. I es van separar l’any 1985, després de 3 LPs, i l’Edwyn Collins va continuar fent discos. I èxits, com el seu hit mundial (#1 als Estats Units) "A girl like you". Sempre anti-rock, sempre elegant, sempre avançat i sempre amb grans pentinats, gran pop: generalment, les dues coses van juntes.
365 dies de prova
I’m not following you és el tercer disc en solitari de l’Edwyn Collins. També és un dels discs que he escoltat més a la vida, ja que l’any 2001 el vaig posar cada matí durant un any. Vostès diran: I què?, potser pensant que la xifra d’Un Any-Cada Matí era una manera de parlar. No ho era; no em coneixen. Cada matí, un any: 365 cops, i cada dia era millor. Un any, i cada matí començava amb "It’s a steal", en un ritual obsessiu que m’omplia de joia i esperança. Un disc que aguanta aquest estira-i-arronsa, aquesta responsabilitat d’ordenar una vida durant un any sencer... No diguin que no, un disc així ha de ser genial per nassos. I ho és.
El disc
I’m not following you és el disc més complet i definitori de l’Edwyn Collins. En termes de temàtica i univers personal s’assembla una mica al Don’t Stand me down de Dexys, en el sentit que l’Edwyn va posar-hi totes les seves obsessions, tragèdies, victòries, odis i passions. Com un testament. A I’m not following you, Edwyn Collins fa moltes declaracions d’intencions, però també mira enrere intentant comprendre, de vegades arrepentit, de vegades orgullós. En algunes cançons carrega directament contra les coses que odia, en d’altres deixa ben clars els seus amors irrompibles. El so prevalent de tot el disc és un soul-pop d’estudi analògic, amb Moogs, trompetes i aparells electrònics, de vegades derivant cap al country o la balada pop, sempre amb la seva inconfusible veu de baix retronador. Ideològicament, l’àlbum representa un rebuig del consens en qualsevol de les seves formes (“Consens consens / L’estúpid consens”, canta a la cançó que dóna títol a l’àlbum; el tema, a més, acaba amb un so d’ametralladora executant un ramat d’ovelles), un cant a l’individualisme i a tirar endavant malgrat les dificultats. També un homenatge als records, a l’aprenentatge i a la importància del bagatge personal i la joventut, l’orgull dels origens. A "Running away with myself" diu: “Estic tornant a la meva joventut / Estic tornant a la meva salvatge joventut / Encara que els nostres pantalons eren amples / Teniem ànima, teniem barra / No en sóc jo la prova vivent?”. "For the rest of my life" és, potser, la explicació biogràfica més explícita del disc, Collins buscant entendre’s a ell mateix i la seva trajectòria (“No m’importava el que feia la resta del món / la pauta estava gravada en pedra per la resta de la meva vida / No importa si guanyo o perdo / Mentre pugui escollir”) i a la vegada, veient com la història es repeteix en el seu fill. "Keep on burning" és un homenatge a la escena Northern Soul (la frase és una de les declaracions d’autoafirmació del culte) i, en pur estil Edwyn, una bofetada a la cara del rock estereotipat: “Deixarem els grungers endarrera / al fangal de les seves ments desendreçades / Perquè no tenen ni estil, ni elegància / Ni eloqüència, ni sensualitat”. "Seventies night", cantada pel Mark E. Smith dels Fall, reivindica en la mateixa línia la glòria de la disco music davant la pobresa espiritual del rock blanc. "Adidas world", evidentment, estripa el concepte de moda corporativa, el músic manifestant la intenció de separar-se encara més d’un món Adidas on tothom fa el mateix, vesteix igual. "No one waved goodbye" i "Country rock" són dues balades exorcisadores, i tant "Superficial cat" com "The magic piper" contenen els percentatges més alts en jocs de paraules ingeniosos, humor i irònica arrogància edwyniana. Ignorant les modes, el brit-pop, les vendes i les crítiques, Edwyn Collins va fer a I’m not following you un Iwo-Jima de tossuderia, emprenyamenta, memòria i soul mentre queia i reia, una reivindicació perenne de l’ànima i el ball, i una invitació personal a la seva festa mental privada. “There’s a thousand souls on the floor”, cantava a "Keep on burning". I una d’elles va resultar que era la nostra.
Kiko Amat
(Article publicat el desembre del 2007 o el gener del 2008 a la revista Benzina, pre-desfalc als col·laboradors; el recuperem perquè mai va arribar a ser penjat aquí)
dijous, juny 18, 2009
The Who Sell Out: 100% libre de hippismo
THE WHOThe Who Sell Out
(De luxe edition)
Polydor
¡Who-fans: Voy a contarles aquí como terminar de una vez por todas con la discusión “¿Cual era el mejor grupo de los 60’s?” que seguro han librado alguna vez contra fans de Beatles, Stones, Kinks y Beach Boys. Es sencillo; en realidad, sólo tienen que recordarles a sus adversarios cuántas versiones dignas existen de canciones de los Who practicadas por otros grupos. La respuesta, que les hará ganar porras y contiendas, es ésta: 0. No existe ninguna, por la sencilla razón de que los Who no son replicables. Y no por crípticos; existe algo en su sonido y actitud y nervio y pelotas (si fuese hippie lo llamaría “magia”) que nadie ha podido repetir jamás.
The Who sell out es el mejor álbum del grupo, y casi de la historia. Celebra, como divinamente expone Dave Marsh en las notas interiores de esta cuidada edición, “la forma de vida que la contracultura hippie destruyó: el materialismo frenético, desesperadamente absurdo, profundamente superficial (...) y abiertamente consumista de los mods”. Sí, amigos: es éste un álbum 100% anti-hippie, 100% anti-mundo adulto, anti-padres, totalmente adolescente, descarado, malcarado, enfadado y confuso. Y, a pesar de lo que afirma Marsh, paradójicamente profundo. Es un álbum conceptual, pero no de la manera embalsamada que lo sería el pomposo Sgt. Peppers. The Who Sell Out celebra el mencionado lifestyle teen-mod en su forma de consumo masivo más extendida: la radio pirata del rock’n’roll, con aquellos anuncios y jingles y hit singles que tantas vidas iluminaron. Su falsa trivialidad -al igual que el engañoso consumismo mod- esconde una apabullante carga de significado y -especialmente- realidad. Es subversivo, pero no a la manera boba de los bed-ins. Es psicodélico y experimental, sin ser nada artie. Sólo tienen que escuchar “Armenia City In The Sky” o “I can see for miles”; ambas son medio psych, pero contienen aún la permanente amenaza anfetamínica de la clase obrera inglesa. No es el sonido de alguien con flores en el cabello, sino la vibración en el aire que avisa del comienzo de una pelea.
Además de esa agresividad poco disimulada, otra cosa distingue a Sell Out del resto de discos de 1967: el humor. De nuevo un humor, un cinismo, un poco tomarse a sí mismos en serio que marca la frontera insalvable entre la gloria pop de los Who y la pretenciosidad disecada de los últimos Beatles. Escuchen el himno al acné “Medac” (“Tenia una cara como un pastel de zanahoria”), “Heinz Baked Beans” o “Odorono” (con ese épico “TRI-UN-FANT!” del estribillo) y entenderán lo que les digo.
El último factor que eleva el álbum a la categoría de obra maestra es la inaudita (y prematura) tristeza que permea las canciones de Townshend. Una melancolía, un dolor infantil, que anticipa los más rotos momentos de Quadrophenia, y que tiene su expresión más sentida en “Tattoo” o “Our love was” (“famine and frustration”, continua diciendo). Unan esto a la mencionada agresión y carácter pop-art del disco, al crujir y desmenuzar del aporreo de Keith Moon, a los power-chords afilados de Townshend, y lo que obtendrán es más que un LP: es una bomba, un objeto arrojadizo de pop cabreado y en llamas, pero a la vez delicado y bromista.
En los extras, variedad a manta: la imprescindible cara B de “I can see for miles”, “Someone’s coming” (una de mis canciones favoritas del grupo), las legendarias “Jaguar” o “Glittering girl”, la desechada versión de Cochran “Summertime blues” (resurgiría en directo hacia la época del Who’s Next), un temprano -y digno- intento compositivo de Daltrey (“Early Morning Cold Taxi”) y mucho más. Y esas notas de Dave Marsh. No se lo pierdan.
Hippies abstenerse, por eso.
Kiko Amat
(Versión extendida de la crítica publicada en el Rockdelux de junio del 2009)